Nacido en Pamplona (capital de Navarra) en 1901, el filósofo llegaría a la capital michoacana en 1941 para dictar dos conferencias magistrales en el Salón de Actos del Colegio de San Nicolás.
Liliana David
El filósofo español Juan David García Bacca, destacado pensador que inició su exilio tras la Guerra Civil, murió el 5 de agosto de 1992 en Quito, aunque no fue sino hasta una semana después de su fallecimiento que el diario El País dio a conocer la noticia con este titular: «Muere Juan David García Bacca, un gran filósofo olvidado en España». ¿A qué se debió el desfase entre su triste final y la circulación de dicha noticia en la tierra que lo había visto nacer? Una pregunta que me planteo, pero que será difícil de responder. Sin embargo, intuyo, después de indagar en la vida y obra de este filósofo transterrado, que su existencia estuvo marcada por las más extrañas peripecias y dificultades que enfrentó durante su exilio en América Latina. Su periplo existencial lo llevó primero a Ecuador, después lo trajo a México (invitado para impartir sus clases en Morelia, en 1942) y finalmente, tras cuatro años en el territorio mexicano, viviría, por un largo y fructífero periodo en Venezuela, donde se nacionalizó. Fue ahí donde dejó, como maestro, su más importante legado para nuestro continente.
Nacido en Pamplona (capital de Navarra) en 1901, el filósofo llegaría a la capital michoacana en 1941 para dictar dos conferencias magistrales en el Salón de Actos del Colegio de San Nicolás. La primera de ellas para hablar sobre «La sabiduría filosófica y el sabor de la ciencia», y la otra para reflexionar en torno a las «Relaciones históricas entre luz, camino, verdad y vida». El distinguido maestro Juan David García Bacca, egresado de la Universidad de Barcelona, fue invitado, tras aquellas dos eruditas conferencias, para incorporarse como profesor extraordinario de la Máxima Casa de Estudios en Morelia. Sin embargo, su paso por la capital michoacana sería breve y accidentado (por decir lo menos), aunque revelador de un momento que sería crucial en la definición del proyecto educativo que ha determinado el rumbo de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo hasta nuestros días, como les contaré más adelante.
De acuerdo con el historiador Gerardo Sánchez Díaz, quien lo advierte en su libro La presencia del exilio republicano español en la Universidad Michoacana 1938-1966, «en los últimos meses de 1941, por gestiones de Juan Roura Parella ante el licenciado Victoriano Anguiano, rector de la Universidad Michoacana, por fin se abrió una posibilidad para que Juan David García Bacca viajara a México». Pero la relación del filósofo con el país había iniciado un año antes, en 1940, con la publicación de su magnífica obra titulada Invitación a filosofar. Vol. I: la forma del conocer filosófico, editada por el Fondo de Cultura Económica, un proyecto editorial de la Casa de España en México. Se trataba de un libro cuyo título hacía un guiño a la exitosa pieza musical de Invitación a bailar, del compositor Carl Maria von Weber, escrita en 1819 y considerada como una de las obras más brillantes y poéticas del vals romántico. García Bacca se remitía a esa obra musical para establecer paralelismos entre la música y la filosofía, a fin de atraer a los lectores curiosos e interesarlos en el camino y conocimiento de ésta última.
«¿Por qué la filosofía no habría de parecerse, en efecto, un poquito más a la música –se preguntaba el sabio transterrado en su obra–; por qué el filosofar no habría de asemejarse algo más a una invitación, a una incitación vital, a un poner en movimiento al hombre entero, comenzando por los pies, por lo que de él toca a tierra?...Toda filosofía viva y en trance vital es dionisíaca; es una borrachera de ideas; y el filósofo, en cuanto tipo de vida, es un “Baco”… Filosofar es una invitación a hacer bailar a las ideas … Filosofar, pues, es música “abstracta” de ideas». Su prolífica producción es tan vasta que necesitaría otra vida entera para poder leer su obra completa. Como había reconocido otro gran filósofo, José Gaos, inventor, de hecho, de la noción de «transtierro», García Bacca era, sin duda, «uno de los más grandes pensadores de la lengua española, que figura a la par entre los más grandes escritores de la misma».
De hecho, fue José Gaos, junto a Daniel Cosío Villegas, quienes proyectaban editar una nueva colección de libros sobre poetas y filósofos griegos, y tenían interés por tres poemas presocráticos que el filósofo navarro ya había propuesto a la Universidad Michoacana. Sin embargo, Cosío Villegas quería quedarse con el «plato fuerte», así que García Bacca le escribió al entonces rector nicolaita Victoriano Anguiano para informarle que el proyecto quedaría en manos de los colegas de la Ciudad de México. El licenciado Anguiano no se opuso ni mostró recelo; al contrario, lo respaldó, como se revela en una de las cartas que le remitió al filósofo, en la que escribe: «Juzgo valoradas sus razones y tratándose del prestigio y brillo cultural de mi país, no debo oponerme a que, sea cualquiera el lugar donde se realiza, salga una obra magnífica… Acepto y le suplico no olvide poner su categoría de profesor de nuestra Institución».
La relación entre el rector y el filósofo fue desde el inicio de entendimiento y cordialidad. Su estrecha colaboración motivó a Anguiano a solicitarle a García Bacca su asesoría en otros proyectos, entre ellos, le pidió ayuda para la redacción de una ponencia que presentaría en el Congreso Nacional de Educación para realizar una revisión histórica de la evolución del sistema educativo mexicano, a fin de presentar propuestas para su mejoramiento operativo. Sin embargo, las ideas expresadas en dicho documento fueron sorprendentemente tomadas como objeto de disputa entre quienes vieron en él –con razones realmente difíciles de discernir más allá del sempiterno oportunismo político– la intención de cambiar la orientación ideológica del artículo tercero constitucional, referido al acceso a la educación, lo cual llevó a los detractores del entonces rector nicoalita a tacharlo de traidor a la Universidad Michoacana. Derivado de este conflicto, politizado a grados insospechados, a García Bacca se le dejó de cubrir su salario. Por ello, en la última carta que dirigió en 1944 al rector en turno (que ya no era Victoriano Anguiano), tras su salida de Morelia, decía lo siguiente: «[…] fundado en el fallo de la H. Suprema Corte de Justicia de la Nación […] pido que acoja esta mi solicitud dándole el trámite que corresponda para que se me paguen los sueldos que pido se me cubran con indiscutible fundamento moral y legal».
Fue así, en las peores circunstancias, como lamentablemente terminó la relación profesional de quien había sido contratado como profesor extraordinario, y, luego, «echado» con adeudo. Lo cierto es que la Universidad Michoacana perdió no sólo a Garcia Bacca, sino que también le fue retirado el apoyo federal que contribuiría a su autonomía institucional. Pasado ya tanto tiempo, no podemos por menos de preguntarnos cómo habría sido el proyecto educativo si Bacca hubiera influido en el futuro universitario, pregunta sin respuesta y posibilidad, por desgracia, irreparablemente clausurada. Tras algunos años más como profesor en el Colegio de México y la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, García Bacca abandonó el país para siempre, refugiándose en Venezuela, donde escribiría una gran historia como fundador de la Facultad de Filosofía de la Universidad Central de dicho país, en Caracas, lugar en el que permaneció hasta su jubilación. De vuelta a Quito, donde había iniciado su exilio, emprendió la traducción de las obras completas de Platón. Su prolífica producción da cuenta de una de las trayectorias más destacadas en el ámbito filosófico hispanoamericano, siendo por ello el pensador más admirado entre los pensadores de su generación, algo que reconocían tanto María Zambrano como José Gaos. No obstante, tras su muerte, fue quizá el más olvidado del exilio republicano español.
Cifras
3 países enmarcaron la vida en el exilio de García Bacca
91 años vivió el filósofo navarro
Liliana David es Doctora en Filosofía por la UMSNH. En 2001, comenzó su trayectoria como periodista cultural en los principales diarios del estado (Provincia, Sol de Morelia y La Jornada Michoacán). Del 2006 al 2013, fue reportera de la sección de cultura en La Voz de Michoacán y, tras siete años de diarismo, inició sus estudios de posgrado en la Maestría en Filosofía de la Cultura de la UMSNH, participando en Congresos y Seminarios internacionales tanto en México como Argentina y España. Desde el 2021, colabora en larevista española Contexto (Ctxt) y en Diario Red. Ha publicado en el libro colectivo Ctxt, una utopía en marcha, editado bajo el sello de Escritos Contextatarios. Actualmente, tiene interés en la investigación de las relaciones entre la literatura y la filosofía, la identidad y la migración, así como en la divulgación del pensamiento a través del periodismo.