La inminente salida de Luis Navarro García de a Secretaría de Finanzas de Michoacán marca un punto de inflexión definitivo para la administración estatal. Su gestión, calificada por diversos sectores como un auténtico milagro económico, logró estabilizar un barco que navegaba a la deriva en número rojos. Con su dimisión para buscar la alcaldía de Morelia, el funcionario deja un huevo difícil de llenar en el gabinete del gobernador Alfredo Ramírez Bedolla.
Veremos si atrás queda la época de profunda disciplina fiscal que consolidó el pago puntual de nóminas y la erradicación del fantasma del déficit presupuestal permanente. El histórico refinanciamiento de 20 mil millones de pesos de deuda bancaria y el impulso al inédito candado constitucional son sus mayores cartas de presentación. Esas acciones rescataron la viabilidad del estado, aunque también implicaron costos políticos y fuertes fricciones con la oposición.
El verdadero desafío financiero comienza ahora que sea ex titular de Finanzas del estado y se concentre en encabezar las preferencias de las encuestas internas de Morena. Y es que quien asuma las riendas de la dependencia no solo heredará la compleja misión de mantener el rumbo de la recaudación digital y la inversión propia. Tendrá que enfrentar la enorme presión de diseñar el paquete económico de la entidad en un momento crítico del presente año fiscal.
Sin duda, la aduana interna rumbo a las elecciones locales de la capital michoacana definirá el destino político del hombre que puso orden en la hacienda pública estatal. Mientras tanto, el Gobierno de Michoacán se enfrenta a la urgente necesidad de situar un perfil técnico y político con la misma capacidad de concertación. El listón ha quedado situado en el punto más alto, abriendo una gran interrogante sobre el futuro de las finanzas del estado.