Tarímbaro, Michoacán.- En Tarímbaro, la preparación de carnitas es más que un oficio: es una tradición heredada de generación en generación. Así lo demuestra Raúl Lemus, quien desde hace 18 años opera su propio negocio, aunque acumula más de 23 años de experiencia en el oficio.
Su historia comenzó junto a su padre, considerado uno de los primeros carniceros del municipio. Tras su fallecimiento, decidió continuar con la tradición familiar.
“Mi papá fue de los primeros carniceros aquí en Tarímbaro y cuando falleció yo seguí con la tradición”, relató.
Lo que distingue a las carnitas locales es su método de preparación: en cazo de cobre y a leña, un proceso que puede tardar entre seis y siete horas a fuego lento.
Además, el precio se mantiene en 220 pesos por kilo durante todo el año, por debajo de otros municipios donde puede alcanzar los 300 pesos.
En jornadas normales se preparan entre cinco y seis cerdos diarios, mientras que el cazo más grande tiene capacidad para más de dos toneladas de carne.
Durante la temporada de Cuaresma descansan únicamente el Miércoles de Ceniza y los viernes, pero el resto del año la venta es constante.
Para Raúl, mantener viva esta tradición también representa un esfuerzo por fortalecer la gastronomía local.
“Ha costado trabajo levantar a Tarímbaro en la gastronomía, pero hay que seguir echándole ganas”, expresó.
Con paciencia, fuego lento y herencia familiar, las carnitas continúan posicionando a Tarímbaro como un referente gastronómico en Michoacán.