Jorge Luis Borges como un autor
En su famosa antología “El cuento hispanoamericano”, Seymour Menton identifica al escritor argentino Jorge Luis Borges como un autor cosmopolita, que se “preocupa más por la estética, la psicología o la filosofía... los cosmopolitas se interesan más en el individuo, en la vida urbana y la fantasía”.
Sin embargo, el crítico peruano Julio Ortega, en su ensayo “El Aleph revisitado”, propone una lectura no intelectualista de Borges: sin caer, ni evitar, el melodrama en el que terminó cierto romanticismo actuante también en la cultura contemporánea, Borges logra enfatizar sobre la tragedia del amor en la era de la modernización cultural y frenética del capitalismo.
El cuento titulado “El Aleph” es, sobre todo, una “historia de amor improbable”, afirma Julio Ortega. Beatriz Viterbo muere una “candente mañana de febrero... después de una imperiosa agonía que no se rebajó ni un solo instante ni al sentimentalismo ni al miedo”.
Con ella se van los símbolos de un pasado destruido por la muerte y la modernización de la cultura: “...noté que las carteleras de fierro de la Plaza Constitución habían renovado no sé qué aviso de cigarrillos rubios; el hecho me dolió, pues comprendí que el incesante y vasto universo ya se apartaba de ella”.
Para Julio Ortega, este cuento es una refutación a los procesos modernizadores en América Latina, cuya metáfora es ese anuncio de cigarros, ya que si la búsqueda y la imagen de Beatriz Viterbo son imposibles para el narrador Borges gracias al olvido que se manifiesta en el cambio incesante de la vida moderna y a figuras que totalizan la evocación del pasado, en este caso Carlos Argentino Daneri, primo de Beatriz, y su Aleph –“El lugar donde están, sin confundirse, todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos”–, también serán imposibles el amor mismo y la permanencia de los seres humanos evocados no como nostalgia, sino como memoria enfrentada a su permanente deterioro.
Gustavo Ogarrio