Morelia, Michoacán/Asaid Castro/ACG

El caudal del Río Chiquito volvió a la normalidad tras las lluvias de los últimos días, pero el agua dejó al descubierto un problema persistente a lo largo de la Avenida Solidaridad: montones de basura atascadas entre las ramas y la maleza del bordo. Con el descenso del nivel, las orillas del dren se transformaron en un aparador de desechos urbanos donde el plástico y, sobre todo, la ropa vieja, dominan el paisaje.

A lo largo del cauce es imposible pasar desapercibido el panorama. Pantalones, playeras, calzado suelto y decenas de bolsas cuelgan prendidos de la vegetación junto a envases de plástico y desechables de un solo uso. La fuerza de la corriente arrastró los residuos hasta dejarlos enredados en los matorrales, revelando que el lecho del río sigue operando como un basurero clandestino a cielo abierto.

El hallazgo expone una clara llamada de atención social. Más allá de la mala imagen en una de las arterias viales más transitadas de Morelia, la acumulación masiva de textiles representa un foco de contaminación constante y un tapón inminente ante la llegada de nuevos tormentones. Cada prenda atorada frena el flujo natural del agua y eleva el riesgo de desbordamientos en las colonias aledañas.