Por VÍCTOR ARMANDO LÓPEZ
El sonido de la máquina de coser en las madrugadas, el ruido de los albañiles mezclando cemento y el bullicio de una familia numerosa reunida alrededor de un pozole son los ecos que Gladyz Butanda Macías lleva en la memoria.
Hoy aspira a coordinar los trabajos de la Cuarta Transformación en Michoacán, Gladyz despliega una energía que combina la pasión técnica de la arquitecta con la sensibilidad de quien creció entre primos, canchas de fútbol y obras en construcción. Su historia es la de una mujer que desde niña soñó con diseñar espacios, que se convirtió en la primera arquitecta de su familia, que trabajó en el servicio público desde abajo —haciendo maquetas por un sueldo que apenas le alcanzaba para una michelada— y que llegó a ser secretaria de Movilidad y Desarrollo Territorial, encabezando obras como los teleféricos de Morelia, el nuevo Mercado de Pátzcuaro y el sistema Morebús.
Entrevistada en el programa “Conexión” del portal www.lapaginanoticias.com.mx Gladyz Butanda Macías destaca que aspira a dar un paso más: Coordinar los esfuerzos de Morena en Michoacán, convencida de que el desarrollo y la infraestructura son las llaves para transformar el estado.
Gladyz Butanda Macías nació en Morelia el 15 de noviembre de 1984. Pero su llegada al mundo tuvo una anécdota que la marcó: Su madre se hizo un ultrasonido y le dijeron que el tercer hijo también sería varón. Ya tenía dos hermanos gemelos mayores, así que todo estaba listo para otro niño: Cuarto azul, ropa azul. Pero Gladyz salió niña. “Mi papá agarró la fiesta una semana porque su sueño era tener una hija”, recuerda con una sonrisa.
Creció en la colonia Ventura Puente, una zona entonces muy bonita, desde donde caminaba al bosque o a casa de su abuela paterna en la colonia Félix Ireta, y de ahí al centro. Sus padres trabajaban todo el día, así que ella y sus hermanos andaban solos por las calles sin riesgos, en una época que hoy parece lejana. “Éramos muy juguetones”, evoca. Jugaban fútbol en la calle, “stop”, avioncito, escondidas, sacaban la bici. Y no les faltaban compañeros de juego: su papá tuvo once hermanos y su mamá diez, así que creció rodeada de primos y primas. “Fue una infancia y una adolescencia muy bonitas”, afirma.
Desde muy chica, Gladyz supo lo que quería ser. En las tardes, sus padres la llevaban a casa de su abuela, y al lado había una construcción de varias casas en serie. “Me salía a ver cómo iban avanzando los albañiles, me gustaba ver cómo armaban el material, cómo hacían la mezcla”. Cuando le preguntaban qué quería ser de grande, siempre respondía: “Arquitecta”. Le gustaba la construcción, el crear. También el ballet, al que la llevaban de niña, pero pronto descubrió otra pasión: el fútbol. Estuvo en la selección de su secundaria, de su prepa, de la Facultad de Arquitectura. “Si me pones un balón, quién sabe si lo meta, pero siempre me gustó jugar”, confiesa. Esa pasión la heredó de su padre, un hombre muy futbolero, y de toda la familia Butanda, que hasta hoy sigue reuniéndose para ver los partidos del mundial.
Su formación académica fue en la Universidad Michoacana, donde estudió arquitectura. Pero no fue una estudiante que esperara a terminar para trabajar. Desde los primeros años de la carrera, un maestro, el arquitecto Juan Ramón Cira, la reclutó junto a otros alumnos para hacer maquetas en su despacho. “Nos pagaban tan poquito que nos alcanzaba solamente para el sábado juntarnos a desayunar y tomarnos una michelada”, recuerda entre risas. }
Pero ese trabajo, que duró toda la carrera, fue su primer aprendizaje práctico, sus “pininos” en la aplicación de lo que veía en las aulas. “No se sentía como trabajo, estábamos aprendiendo”, dice. Y fue allí donde empezó a forjar relaciones con compañeros que hoy ocupan diversos cargos en el gobierno y el sector privado.
Después de la carrera, Gladyz se especializó con una Maestría en Desarrollo Urbano. Su primer empleo formal en el servicio público fue en el Ayuntamiento de Morelia, donde estuvo tres años dando licencias de construcción: desde una barda hasta un fraccionamiento o un hospital. “El ayuntamiento te da un acercamiento muy directo con las personas”, reflexiona. “Es el día a día, tratar con la gente, estar muy cercano a las colonias, a sus necesidades”.
Ese contacto humano, esa posibilidad de resolver problemas concretos, fue algo que disfrutó enormemente. Luego pasó a la Secretaría de Turismo estatal, donde duró seis años, y allí conoció a quien sería su jefe y después su gobernador: Alfredo Ramírez Bedolla. “Él traía el proyecto del queso Cotija, armamos un plan, y desde ahí nos conocimos”, recuerda. Más tarde, cuando Ramírez Bedolla aspiraba a ser alcalde de Morelia, tuvieron reuniones para impulsar proyectos como el teleférico de Morelia.
El salto a la política partidista llegó casi por casualidad. Gladyz trabajaba en el Ayuntamiento de Morelia con el entonces presidente municipal, Raúl Morón. Un día, las convocaron a una reunión: necesitaban que una de las mujeres del equipo renunciara para coordinar la campaña de mujeres de Morón en su aspiración a la gubernatura. Gladyz, que no tenía hijos que mantener, levantó la mano. “Yo fui la valiente”, dice. Pero al día siguiente del fallo del instituto electoral, la candidatura de Morón fue retirada y, en su lugar, Alfredo Ramírez Bedolla asumió la candidatura. Cuando Gladyz se entrevistó con él, le preguntó qué hacía en la campaña anterior. “Le dije que iba a coordinar mujeres, y me dijo: ‘pues entonces vas a coordinar mujeres con mi campaña'”. Fue una campaña de apenas un mes y diecinueve días, recorriendo todo el estado con otras mujeres como Ale Anguiano, actual secretaria de la Mujer.
Gladyz no esperaba ser nombrada secretaria. Sabía que había muchos compromisos políticos. Pero Alfredo Ramírez Bedolla, a quien ella conoce desde sus años en la Secretaría de Turismo, confió en su perfil técnico y ciudadano. “Si a mí no me hubieran nombrado secretaria, no hubiera pasado nada. No pertenecía a un equipo político, no era hija de un político. No pasaba nada si no me nombraba”, reflexiona.
Sin embargo, el gobernador vio su capacidad para ejecutar proyectos. Así, el día de la toma de protesta, en un hotel, fueron llamados uno a uno para recibir sus nombramientos. Gladyz recibió la Secretaría de Medio Ambiente, Cambio Climático y Desarrollo Territorial, con la idea de que se separaran urbanismo y medio ambiente y se integrara el componente de movilidad. Fue el inicio de cuatro años y medio de trabajo intenso que la llevarían a encabezar algunas de las obras más importantes de la administración: Los teleféricos de Morelia, el sistema Morebús y el Mercado de Pátzcuaro, entre muchas otras.
Como arquitecta y urbanista, Gladyz observa con ojo crítico el crecimiento de la capital michoacana. “Morelia creció en los últimos 10 años lo que no había crecido en cien años”, afirma. Pero ese desarrollo, señala, fue desagregado y disperso, obedeciendo a demandas del mercado inmobiliario sin planificación. “Se perdió la conectividad entre las colonias viejas, la que nos permitía caminar de una colonia a otra para ver a nuestras familias”. Ahora, dice, Morelia tiene “ciudades dormitorio”, donde los trayectos son largos y la calidad de vida disminuye. Para ella, revertir ese efecto es uno de los grandes desafíos.
Al cuestionarle sobre ¿Qué les diría a los michoacanos sobre las obras que encabezó en la actual administración estatal? Responde: “Que estamos muy contentos de haber hecho las cosas diferentes”, responde sin titubeos. “Antes de nuestro gobierno, una vialidad era una cosa; posterior a nuestro gobierno, es otra”. Lograron, dice, una ley de movilidad que queda para la posteridad, y diseñaron vialidades de calidad, que salvan vidas, que cuidan a las personas. “Diseñar una ciudad que cuida a sus habitantes, eso es lo que marcó un antes y un después”, afirma.
Y aunque reconoce que siempre habrá críticas, distingue entre las constructivas —que se toman con respeto y responsabilidad— y los ataques infundados, que no le afectan. “Si se meten en temas personales, digo: Qué lástima da ese tipo de gente que dedica su tiempo a criticar a alguien que ni los lee”.
En sus tiempos libres, Gladyz disfruta de las series televisivas —es fan de Game of Thrones, a la que ya vio dos veces—, del cine, de la lectura y de estar en casa. Le gustan las caricaturas, las películas ligeras, nada de terror. “Digo, si de por sí la política ya nos trae tensos, trato de ver temas más agradables”. También le gusta estar informada, ver noticias en YouTube y seguir lo que pasa en el mundo. Es casera, hogareña, disfruta que la visiten y pasar tiempo con su novio, su gatita y sus dos perritos. Colecciona, por influencia de su novio, antigüedades y objetos de Star Wars.
En la comida, su debilidad es el pozole rojo, los tacos de cabeza y las tostadas de lengua de Zamora. “Somos adictos a las frutas de Chema, buscamos el pretexto para ir a Zamora las veces que podamos”, subraya. Y confiesa también que “casi diario paso por un vasolote”. Todo lo que sea picoso, grasoso, salado, le encanta.
Tras el planteamiento de saber si ella admiraba a alguien. Gladyz Butanda Macias puntualiza que en primer lugar, a su mamá, una mujer súper chambeadora que los sacó adelante. También a su abuela materna, originaria de Isaac Arriaga, un rancho de Puruándiro. Su abuelo murió joven, y ella se quedó sola con once hijos. Cosía en las noches y madrugadas, diseñaba vestidos, le cosía a todo el rancho, y así logró mandar a sus hijos a estudiar a Morelia. “Si no fuera por ese esfuerzo, no estaríamos aquí”, dice con emoción.
En el plano político, admira profundamente a la Presidenta de México, Claudia Sheinbaum, desde que fue jefa de gobierno de la Ciudad de México y secretaria de Medio Ambiente. “Cuando vi todo el trabajo que hizo de movilidad, dije: esto lo quiero hacer yo, quiero que Michoacán tenga lo mismo”. La admira como mujer, como científica, como profesionista.
Y precisamente ese deseo de seguir transformando Michoacán es lo que la ha llevado a dar un paso más: Aspirar a coordinar los trabajos de Morena en el estado. “Ya nos creímos que otro Michoacán es posible”, dice. “Salvamos a Michoacán de ser un estado sin paz, de cero desarrollo, de deuda, de falta de recursos. Ya le dimos esa vuelta”. Ahora, quiere continuar. “En esta emoción de haber encabezado estos proyectos tan grandes, queremos más desarrollo, queremos que Michoacán sea un referente nacional de bienestar”.
Cuando se le cuestiona si Michoacán necesita una mujer gobernadora, su respuesta es contundente: “Totalmente. Es un tema de justicia social. Las mujeres merecemos una oportunidad porque hemos demostrado tener capacidad, pero también sensibilidad para que nadie se quede atrás. Michoacán, sí o sí, en el 2027 deberá ser gobernado por una mujer”.
Finalmente, al participar en la dinámica “La llave mágica”, del programa “Conexión”, Gladyz Butanda Macias puntualiza que con ella a Michoacán le abriría la puerta del “desarrollo en todas sus vertientes”.
“El desarrollo se debe dar en cada familia, hogar, colonias, municipios, gobiernos. A Michoacán le puede ir muy bien y llegar a ser el mejor estado del país”.
Gladyz Butanda es la arquitecta que se volvió urbanista, la funcionaria que se volvió política, la mujer que construyó obras y ahora quiere edificar futuro. Su legado, aunque ella no lo diga, ya está en obras, en las vialidades y mercados. Ahora espera que las mujeres por fin ocupen el lugar que les corresponde en Michoacán.