Félix Madrigal/ACG – Morelia, Michoacán

El conflicto por el manejo de la colonia felina que habita el Panteón Municipal escaló a denuncia pública tras una serie de reuniones, oficios y desencuentros entre la cuidadora de los gatos y la titular del Instituto Moreliano de Protección Animal (INPA), Minerva Bautista.

Brenda Núñez del Prado, quien asegura llevar seis o siete años alimentando, esterilizando y controlando la población felina del panteón junto con su madre, sostiene que lo único que busca es continuar con el esquema que —afirma— ha permitido estabilizar la colonia.

“Yo solo quiero llevar el control de mis gatos. Que me proporcionen el móvil con los médicos. Yo capturo, ellos esterilizan y yo los libero. No quiero más”, declaró.

Según su testimonio, el problema comenzó a principios de febrero. El último TNR (captura, esterilización y liberación) se había realizado en noviembre. El 10 de febrero estaba pactada una nueva jornada de esterilización. El contacto, como en ocasiones anteriores, fue vía WhatsApp con personal médico del instituto.

Días antes de la fecha programada, el móvil de esterilización —que permanecía en el panteón tras la jornada anterior— fue retirado. Al preguntar qué ocurría, Brenda asegura que el médico Gonzalo le informó que la campaña ya no se llevaría a cabo por decisión de la titular del INPA.

La justificación, relata, fue que no existía control sobre los gatos y que estaban en malas condiciones de salud. “Eso no es cierto”, sostiene. Afirma que incluso cuenta con conversaciones donde se reconoce que algunos de los gatos retirados estaban en buen estado.

En respuesta, decidió hacer pública la situación en redes sociales. A partir de ahí, fue citada a una reunión en las oficinas del instituto.

Brenda acudió acompañada de su madre. Señala que, contrario a lo que se le informó inicialmente, no solo estaban presentes la titular y una licenciada, sino también integrantes del grupo externo “Misitu TNR”, quienes —según dijo— fueron presentados como los nuevos encargados de realizar las capturas y esterilizaciones en el panteón.

Durante la reunión, afirma, le fue solicitado entregar un examen médico individual de cada gato, así como estados de cuenta y comprobantes de los gastos semanales en alimento y atención veterinaria. “Es imposible tener un examen médico de cada gato. Ni el propio instituto los tiene”, expresó.

También le pidieron transparentar supuestas donaciones. Brenda respondió que no recibe dinero en efectivo ni transferencias, y que los gastos —que rondan varios miles de pesos semanales en alimento— salen de su bolsillo y el de su madre. “Nuestro dinero no tenemos por qué explicarlo”, señaló.

De acuerdo con su versión, la insistencia en conocer los montos que gasta y las donaciones que recibe fue uno de los puntos que más le llamó la atención. “Lo que más le importaba era el dinero”, dijo.

Uno de los ejes centrales del conflicto es el procedimiento de esterilización.

Brenda explica que su método consiste en capturar a los gatos el mismo día en que se esterilizan; conforme van entrando al móvil quirúrgico, se intervienen y se resguardan en transportadoras. A la mañana siguiente son liberados en su colonia habitual. “Nunca los dejamos más tiempo. Es lo que nos ha funcionado”, aseguró.

En contraste, denuncia que el nuevo plan contempla capturarlos una noche, mantenerlos 24 horas encerrados antes de la cirugía, esterilizarlos posteriormente y liberarlos hasta 48 o incluso 72 horas después, en jaulas y al intemperie. “Un gato no puede estar 24 horas sin comer. Eso es maltrato”, sostuvo.

También cuestionó que se pretenda contratar personal externo cuando el instituto ya cuenta con médicos. “No entiendo por qué pagar a externos si ya tienen equipo médico”, afirmó.

Otro punto de fricción es la propuesta —según la denunciante— de construir gateras dentro del panteón para concentrar a todos los gatos en un solo espacio.

Brenda sostiene que esta medida los haría más vulnerables. Recordó un antecedente de envenenamiento y advirtió que mantenerlos encerrados facilitaría ataques. “Si alguien entra y les echa algo, se mueren todos”, expresó.

Asegura además que, hasta el momento de su declaración, no existe un oficio formal firmado por la dirección del panteón que autorice el ingreso de terceros para realizar capturas o la construcción de gateras.

Durante las reuniones, relata, le dijeron que los gatos no son suyos porque se encuentran en un espacio público. Ella responde que, aunque legalmente no exista propiedad, ha sido quien los ha alimentado y controlado por años. “Cuando yo empecé, cada semana nacían gatos. Era un descontrol. Ahora la mayoría están esterilizados”, afirmó.

También sostiene que jamás ha pedido recursos al panteón y que lo único que solicita es que la dejen continuar con el control reproductivo como lo ha hecho hasta ahora.

Renny, hermana de Brenda, respaldó públicamente su versión y aseguró que la familia ha asumido durante años una responsabilidad que ninguna institución atendía.

“Nosotras nunca hemos pedido dinero. Nunca. Todo sale de la bolsa de mi mamá y de mi hermana”, declaró. Explicó que los pagos de alimento se realizan semanalmente y que, en ocasiones, han compartido comprobantes únicamente para transparentar ante la comunidad que el recurso se usa en los gatos.

Renny señaló que lo que consideran injusto es que, después de años de trabajo constante —incluyendo colocar malla para evitar que entren perros y resguardar trampas dentro del panteón—, ahora se les excluya del proceso.

“Si ya está funcionando, ¿por qué cambiarlo? Si lo que quieren es ayudar, que ayuden, pero que no nos quiten”, expresó.

También manifestó preocupación por la posibilidad de que capturen gatos ya esterilizados solo para “llevar registro”, exponiéndolos innecesariamente al estrés de una nueva captura.

Brenda afirma que seguirá acudiendo los días habituales a alimentar a los gatos y vigilar su estado. “No me pueden prohibir ir a un espacio público”, sostuvo.

Insiste en que no busca confrontación ni beneficios personales. “Yo no quiero nada para mí. Solo quiero que no les hagan daño y que podamos seguir trabajando como siempre”, reiteró.

Mientras tanto, el conflicto permanece abierto. En un lugar destinado al descanso eterno, la controversia por el bienestar de sus habitantes más silenciosos demuestra que, al menos para los gatos del panteón, no hay descanso.