Odisea Política
Todo comenzó como muchas cosas que suceden en la vida, en tu cara y sin darte cuenta, así fue con lo que ahora llaman “feministas de derecha”, que sostienen sus argumentos en el esencialismo, el punitivismo y el libertarismo, que ahora se articulan con hombres violentos, destructivos y tóxicos, impulsando el regreso de las mujeres al espacio doméstico y el ejercicio del voto familiar, apoyándose en las redes sociales.
Lo mismo sucede con los grupos de la diversidad sexual, quienes militan en espacios donde sus verdugos criminalizan las identidades no hegemónicas, echando para atrás los derechos humanos alcanzados. En pocas palabras, están en contra de todo aquello que no les favorezca y les permita seguir acumulando poder y privilegios.
También se han apropiado de lenguaje y conceptos que han vaciado de contenido y de sentido como: la democracia, la unidad, la igualdad, etc. Tratando de convencernos y de revertir que no solo los grupos considerados como minoritarios y vulnerables son discriminados, sino también grupos elitistas, blancos, heterosexuales, lo cual es completamente falso. Como falso es que haya “feminismo de derecha”, aquí algunos argumentos que lo cuestionan:
Inicialmente el feminismo surge como un movimiento amplio y diverso de mujeres de clase trabajadora y obreras, quienes tenían una fuerte base socialista y anarquista, quienes ya estaban insertas en la esfera pública mediante la explotación laboral, la esclavitud o el despojo territorial. Aunque también había un feminismo burgués que luchaba principalmente por derechos civiles dentro del sistema (acceso al sufragio, derecho a la propiedad y entrada a universidades).
Quiero detenerme y destacar que la lucha por los derechos humanos de las mujeres tiene una fuerte base socialista, y es que aquí es donde considero que hay un quiebre fundacional y epistémico, que ha ido eliminando el reconocimiento de los aportes que desde el socialismo se hicieron para ir ganando derechos, con el objetivo de lograr la liberación y emancipación de las mujeres. Sin embargo, la estigmatización y demonización que el pensamiento eurocentrista e imperialista ha construido durante décadas a través de la batalla cultura para borrar el significado y origen social del feminismo.
Y es que durante años se ha ido construyendo un “feminismo” cómodo y cómplice al poder machista en turno, de derecha, que se subordina y que escala cada día a través de representaciones y cargos públicos de mujeres, que se han beneficiado de la paridad y la igualdad, pero no hay una agenda clara sobre el reconocimiento que las desigualdades y opresiones han generado en las mujeres, como tampoco los hay sobre los rezagos y las violencias estructurales que deben atenderse de manera integral e inmediata.
Lo cierto es que hay mujeres acomodadas al poder y a los privilegios, que reproducen las prácticas ambiciosas y mezquinas, bajo el amparo del sistema patriarcal y capitalista, para establecer canonjías entre ciertos grupos afines a sus intereses y que vacían la representatividad y vocería que se requiere para dar una dura batalla por la transformación social por las mujeres y los hombres en su conjunto.
Sin embargo, también hay otras mujeres que al no reproducir esas prácticas y al tratar de conservar la dignidad y respetabilidad para el que fueron electas, se autocensuran, aunque vayan construyendo alianzas bajo otra lógica de poder, lo cierto es que el disciplinamiento y la obediencia suelen ser atributos valorados en esos esquemas y circuitos del ejercicio de poder. Aunque muchas veces no sirvan de mucho cuando de repartir los espacios y las representaciones a los cargos, en donde los mejores liderazgos basados en capacidades, cualidades y honestidad no siempre son tomados en cuenta. Por el contrario, sigue persistiendo la validación y tributación de los capitales económico, cultural, social y simbólico, incluido el erótico, basado en quien más tiene, más abarca, más desde un marco totalmente capitalista y antifeminista.
En conclusión, no se puede ser feminista, si la práctica es capitalista, machista y patriarcal, si el ejercicio del poder implica la cosificación y mercantilización de los cuerpos de las mujeres, la devastación de los recursos naturales, el reduccionismo del Estado, la simulación de la democracia, la negación de las diversas formas de violencia especialmente: el femigenocidio y el genocidio.