uien marchó por primera vez, confesó que le hacía «mucha ilusión» la llegada de una mujer a la presidencia, pero dijo sentirse «desilusionada» por la respuesta del gobierno
Ciudad de México. - El movimiento feminista enfrenta tensiones con el gobierno de la primera presidenta del país, Claudia Sheinbaum, tras el 8M, marcado por vallas protegiendo edificios y luces que generaron críticas sobre una respuesta institucional contradictoria.
Además, varias activistas han denunciado dispersión en marchas recientes, falta de avances en justicia y represión frente a una violencia que persiste con diez mujeres asesinadas cada día.
"¡Ábrenos, Claudia!", exigió un grupo de manifestantes frente a las láminas metálicas que resguardaban edificios como el Palacio Nacional, -sede de Sheinbaum-, mientras golpeaban las vallas con martillos, el pasado domingo 8 de marzo.
Ese día, según cifras oficiales, unas 120,000 mujeres marcharon solo en Ciudad de México, aunque muchas no llegaron al Zócalo -donde usualmente desembocan las protestas-, que este año las recibió con un doble mensaje: vallas cercando edificios y una instalación de luces colocada por el gobierno capitalino con motivo del 8M.
Debate reabierto
La escena reavivó el debate sobre la relación entre el movimiento feminista y un gobierno encabezado por una mujer que llegó al poder con el lema "Llegamos todas".
Para Leila, sobreviviente de violencia feminicida, el contraste entre las vallas y la instalación luminosa feminista refleja una respuesta institucional contradictoria: "Cada vez avanzan más las vallas, y en procuración de justicia no hemos visto ningún avance".
Por otro lado, señaló que la iluminación busca "quitarle los dientes al movimiento y hacer como si fuera una festividad".
"El discurso institucional ha absorbido esta lucha de manera performativa (...) como si esto fuera Navidad. El trabajo del Estado no es ponernos lucecitas", opinó Leila.
Aquel día, por unos minutos se encendieron en el Zócalo las figuras luminosas instaladas por el gobierno con la frase "Ciudad feminista con las mujeres".
A unos pasos, Elia Nataly, de 20 años quien marcha desde los 15, coincidía en que "dar apoyo no son las luces" y sugirió que la iluminación buscaba proyectar una imagen favorable del país ante la próxima Copa del Mundo de Fútbol que iniciará en México el 11 de junio y subrayó que el 8M "no se celebra".
Cerca de las vallas, Ilhuil Xóchitl, de 18 años y quien marchó por primera vez, confesó que le hacía "mucha ilusión" la llegada de una mujer a la presidencia, pero dijo sentirse "desilusionada" por la respuesta del gobierno, que consideró "represiva" frente a una violencia que "sigue igual".
Antes de comenzar a marchar, lejos del Zócalo, Sofía Pedraza, de la misma edad, opinó que "los monumentos siempre se pueden limpiar", y coincidió con sus amigas: "Ojalá así nos protegieran a nosotras".
En los días posteriores a la manifestación, la presidenta Sheinbaum reiteró que no estaba de acuerdo con los actos violentos registrados durante la protesta y atribuyó los daños a un pequeño grupo con "muchos hombres".
No es una postura nueva: desde que Sheinbaum gobernaba la Ciudad de México (2018-2024), las marchas feministas en la capital han estado marcadas por vallas para proteger edificios públicos y por debates recurrentes entre autoridades y colectivas sobre la forma de protestar.
También desde 2018 el promedio de mujeres asesinadas en el país es de diez cada día.
Dispersión y nuevos desafíos
Varias asistentes coincidieron en que el movimiento feminista atraviesa un momento de dispersión, visible en movilizaciones recientes donde las convocatorias se multiplican en distintos horarios y puntos de la ciudad, lo que dificulta concentrar a las manifestantes.
Elia Nataly dijo haber percibido menor afluencia en protestas recientes, como la del pasado 25 de noviembre, y mencionó que en ocasiones aparecen personas que redirigen a las manifestantes hacia otros puntos de la ciudad.
Aunque no aseguró que se trate necesariamente de "infiltraciones", señaló que este tipo de dinámicas han ocurrido en distintos movimientos sociales y pueden contribuir a fragmentar la movilización.
Leila consideró que el movimiento enfrenta el reto de recuperar mayor coordinación, con “convocatorias simultáneas fuertes y demandas centrales”.
"Tenemos que ser más estructuradas (...) no puede haber tanta dispersión. Nos siguen matando", advirtió.
Para dispersar a las últimas manifestantes, la policía lanzó gas lacrimógeno, pero en las vallas quedaron pintadas frases como “Claudia no es aliada” y “No llegamos todas”.